MATRIMONIO A PRUEBA… ¿A PRUEBA DE QUE?

Testimonio cedido a Despacho Pro familia,  sobre el matrimonio a prueba  que la convirtió en madre soltera.

                    

                    Se dice que no se debe volver a los recuerdos del pasado solo para lamentarse, pues eso es estéril, más no así para aprender, que es fecundo. No hablo de un pasado lejano, soy joven aún, y tengo una hija a la que llegado el momento he de  contarle una historia y una verdad  que la edifique al buscar unirse en matrimonio, y que le ayude  a comprender desde una perspectiva útil, el por qué ha tenido que crecer sin un padre.   

En la universidad,  con un pretendido intelectualismo, me consideraba en la avanzada del pensamiento liberal modernista, desde el cual todo criterio de vida se replanteaba desde  las “recién descubiertas” prominentes verdades sobre la libertad humana,  para  fincar desde ahí la verdadera  dignidad de la persona.

Dicho descubrimiento nos liberaba de lo que llamábamos “viejos atavismos”, haciendo lícito para nosotros seguir nuestros impulsos, sintiéndonos libres como el viento, un viento que arrastraba sin llegar a mas destino que el vivir el aquí y el ahora. Para ello vaciamos las palabras de su verdadero  significado y les dimos otro,  acorde a  la “nueva realidad”.

Pensando así, mi novio y yo decidimos vivir juntos en lo que llamamos un “matrimonio a prueba” el cual, según nosotros, nos creaba la posibilidad de un autentico compromiso en un ámbito de mayor libertad, lo que supuestamente correspondía a nuestra verdadera naturaleza.

Creyendo romper caducos paradigmas, palabras como: matrimonio, amor, autenticidad, madurez, naturaleza, compromiso, libertad…  nos seducían con otro significado.

Hoy entiendo que el verdadero propósito no era otra cosa que eludir  el auténtico compromiso de la entrega por amor en un  verdadero matrimonio, una  verdad que no tenía cabida en nuestras consciencias. Así que  rentamos un piso, y sin decírnoslo, cada quien se posiciono  en una actitud que bien se podían traducir en pensamientos y sentimientos  como:

“Yo provisionalmente contigo, pero para mí, y solo conmigo”

“Tu provisionalmente conmigo, pero para ti, y sin mi”

“Nosotros, provisionalmente con nosotros, pero cada uno consigo mismo, y sin el otro”

Lo que sucedió en realidad es que en dicha unión tratábamos de resolver necesidades reciprocas solo como un asunto de deseos sexuales, emociones, afectos, juicios valorativos… soledad. Nos complacíamos en las cosas que son de la persona, pero que no son la persona, por lo tanto de esa  complacencia egoísta, no podía nacer el amor personal en donde podemos ser amados  irrestrictamente solo por ser nosotros mismos  en cuanto personas.

Así las cosas, el mío no fue un embrazado deseado, no podía ser de otra manera.

Se me propuso abortar,  pero ni por un instante admití la idea,  en cambio, reaccione tratando de convertir aquel piso en un hogar que fomentara el compartir una intimidad que verdaderamente uniera dos almas. Empecé a cambiar en actitudes como: en vez de comprar comida hecha aprendí a cocinar;  puse acogedoras cortinas; me esmere en la decoración, pulcritud y tantos detalles a los que había vivido insensible. Sobre todo, me esforcé en tratar a mi pareja con verdadero amor de esposa, deseando verdaderamente  conquistarlo de un ser que me rehuyó cuando más lo necesitaba.

Me reclamo, se sintió traicionado.  Me apoyo un poco con escasa comunicación mientras nacía mi hija, luego desapareció para siempre. Lo último que me dijo es que él no me había engañado, que me había engañado sola… fue quizá la única verdad que le escuche decir sobre nuestra relación.

Si hubiera  estado formada en la verdad que hoy acepto, otra hubiera sido mi historia. Ya no me aferro al falso significado de las palabras para justificarme, ni acepto el hecho de haber tenido una hija a cualquier precio, sobre todo pasando por encima del sublime derecho de ella al amor individual de ambos padres hacia su persona; así como tocar, sentir y disfrutar del amor que  debería existir entre ellos mismos, ese al cual el hijo debe la vida… no fue así, y estoy en una deuda de justicia impagable con mi hija.

La verdad fue que nuestro  “matrimonio a prueba” solo sirvió para demostrar que pudo ser cualquier cosa menos matrimonio. Fue un  concepto al que vaciamos de su verdadero  significado para malamente  encajar otros, como: autenticidad, madurez, naturaleza, compromiso, libertad.

Comprendo ahora que la unión entre varón y mujer solo se hace plena y total por el compromiso.

Que el compromiso es el acto de la voluntad que compromete la libertad asumiendo el futuro posible en su plenitud y totalidad,  entregándolo al otro en cuanto varón o mujer y por lo tanto, abierto a la vida. A partir de ese momento, la vida matrimonial es el cumplimiento del compromiso adquirido.

Todo solo sirvió para que usáramos mal nuestra libertad, porque es el hombre el que asume lo natural, como asume también las circunstancias, o el que se rebela contra ello, en una tan lacerante como inútil actitud de no aceptación.

Me aseguraré de que mi hija lo entienda y haga de su vida un auténtico proyecto de amor.

Por Orfa Astorga de L.

Escríbenos a: consultorio@aleteia.org

 

 

Este artículo lo publicamos originalmente en: https://es.aleteia.org/2017/07/04/queria-un-matrimonio-a-prueba-sabes-como-termino/

 








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